Fuente: revistaiberica
Formando parte del Parque Natural del Alto Pirineo, la comarca leridana del Pallars Sobirà, también en invierno, ofrece interesantes alternativas para disfrutar de su excepcional entorno. En esta época del año, el paisaje nevado que observa la cumbre de la Pica d’Estats, de 3.143 metros de altitud, se transforma en un maravilloso escenario en el que la práctica del esquí se complementa con otras actividades en contacto con la naturaleza y con el descubrimiento de su rico patrimonio artístico y cultural.
Texto y fotografías: Luis Medina © revistaiberica
Con la colaboración de Oficina Comarcal de Turismo del Pallars Sobirá
Se añade a este espectáculo la admirable arquitectura de montaña de sus poblaciones, que conservan ermitas, iglesias y sólidos edificios románicos, así como otras construcciones pastoriles ya utilizadas en el medievo, que enseñan la vida ganadera en perfecta armonía con el turismo rural de montaña y las distintas opciones de actividades de aventura y turismo activo.
Por su propia orografía de montaña y las infinitas posibilidades que brinda su paisaje, los pueblos del Pallars se convirtieron en pioneros del turismo de aventura, con los concurridos descensos de rafting, hidrospeed, canoas, rutas a caballo, descenso de barrancos, escalada, etcétera. Pero, también en invierno, continúan ofreciendo otras actividades igualmente sugerentes aprovechando la presencia de la nieve y las muchas posibilidades que ésta permite, además y como complemento a los habituales descensos por las pistas de las estaciones de esquí alpino.
Así, los bosques, laderas y senderos del Pallars Sobirá pasan a convertirse en improvisados circuitos blancos, inmejorables instalaciones naturales en las que poder practicar senderismo, travesías con raquetas de nieve, esquí de fondo y de montaña, ascensiones, rutas en trineo con perros, orientación e interpretación de la naturaleza, disfrutando y saboreando con paso lento del grandioso paisaje invernal que exhibe la cordillera pirenaica.
Port Ainé, Spot Esquí y Tavascán, estaciones muy próximas entre sí, configuran el gran dominio esquiable del Pallars. Bajo esta marca de Grand Pallars se aúnan un total de 70 kilómetros de pistas, 232 cañones de nieve, 6 telesillas, 7 telesquís, cinco cintas. Un fortfait único permite disfrutar de estos tres sectores, haciendo más amena y variada la estancia y la práctica del esquí alpino.
Spot Esquí es una estación acogedora y familiar, especialmente reconocida por quienes optan por huir de la masificación de las grandes instalaciones. Dispone de una zona habilitada exclusivamente para esquiar los niños y con un jardín de nieve, para que los padres puedan disfrutar con tranquilidad del resto de la estación. Todas las pistas están orientadas hacia el nordeste y rodeadas de bosque, lo que le dota de un encanto especial.
Port Ainé se encuentra en las inmediaciones del término de Rialp, a los pies del Pic l’Orrri, de 2440 m. A diferencia de otras estaciones, los esquiadores no expertos pueden subir hasta la cota más alta de la estación, a 2.440 m, y acceder a la pista Bellavista, apta para debutantes.
Entre las instalaciones destinadas a la práctica del esquí y los deportes de invierno, los valles y montañas de esta porción del Pirineo acogen pueblos con especial encanto, con un valioso legado románico que se extiende por toda la comarca. La arquitectura característica del Pirineo queda también manifiesta en sus pueblos, caminos y puentes que aún conservan el estilo impuesto por el trabajo de ingenieros, escultores y pintores de otros tiempos.
Además de estos edificios heredados del románico, existe una extensa oferta museística y otros lugares de alto interés cultural, como el Ecomuseo de les Valls d’Aneu o la Serradora d’Areu, que muestran los usos y costumbres tradicionales de la comarca. Estas exposiciones coinciden con otras más actuales como el Museo de Mariposas de Cataluña o el Centro de Interpretación de Tavascán. Entre tantas y tantas opciones es recomendable no dejar pasar por alto algunas visitas de especial consideración, como son los conjuntos de Llesui, Gerri de la Sal o la localidad de Esterri d’Aneu.
El misterio de la montaña Tor
La historia de la Montaña de Tor está rodeada de misterio; es, cuanto menos, ajetreada y curiosa. En 1986 las 13 familias del pueblo de Tor deciden, en previsión de que el Estado no expropie la montaña, establecer una sociedad de condueños redactando unos estatutos por los que regirse. Así, consensuaron que ésta fuera propiedad de aquellos vecinos que mantuvieran el fuego encendido todo el año (es decir, vivieran de forma permanente en ella).
Con la guerra civil y más tarde, en la posguerra, con el hambre y con la dictadura, una serie de circunstancias como el hecho de que allí arriba carecen incluso hoy en día de agua corriente, luz eléctrica o línea telefónica y se encuentran incomunicados la mayor parte del invierno, dio lugar a la marcha de la mayoría de los vecinos del pueblo, al menos durante los meses más fríos. Pero el desencadenante que precipitó este abandono fue la quema de cuatro de las casas a raíz de la persecución y ejecución, por parte de la Guardia Civil, de unos maquis que se habían refugiado en la montaña.
De este modo, puesto que los estatutos indicaban expresamente la condición de “tener el fuego encendido” todo el año para mantener la propiedad, se desataron los amaños, envidias, odios y rencillas en una batalla desenfrenada entre las tres casas más importantes de Tor, plagada de demandas y juicios, y salpicada a su vez con varios asesinatos, por hacerse con el control y la propiedad de la montaña.
Josep Montané, “Sansa”, y Francesc Sarroca, “Cerdá”, los más actuales patriarcas de dos de estas casas fuertes, unidos sólo por la causa pues también les separaban disputas antiguas, luchaban con la intención de venderla o alquilarla para hacer un complejo de ocio y pistas de esquí; el otro cacique, Jordi Riba, de la casa “Palanca”, sólo por hacer valer su derecho como único dueño y vender a sus anchas la madera del lugar, así como “manejar” el paso de contrabandistas (que ni eso le falta a esta historia) desde Andorra.
Entre situaciones delirantes más propias de la imaginación de algún escritor trágico que de la vida real, “Sansa” y “Cerdá” arriendan la montaña en 1976, a espaldas del resto de miembros de la sociedad de condueños, a Rubén Castañer, un agente inmobiliario aragonés-andorrano, que pasea por “sus dominios” con dos guardaespaldas. Dos años más tarde “Palanca”, asociado por las circunstancias con los otros condueños, la alquila a dos leñadores que le harán las veces de guardaespaldas a él. Así las cosas la tensión es palpable y se masca la tragedia.
Los primeros asesinados, en 1980, fueron los dos guardaespaldas del “Palanca” a manos de los dos “protectores” de Rubén Castañer cuando, según declaraciones del “Palanca”, intentaban matarle a él, que consiguió huir. En 1981 los abogados de “Sansa” y “Cerdá” interponen una demanda contra los otros vecinos por hacerse con la propiedad de la montaña.
En 1995, el juez de Tremp falla a favor de, “Sansa”, declarándole único dueño de Tor en base a que sólo él pudo demostrar que vivía todo el año en la montaña, y dejando fuera al otro litigante con el que formaba bando contra “Palanca”, “Cerdá”. Pero su reinado en Tor duraría tan sólo cinco meses antes de que lo asesinaran.
Finalmente tras muchos procesos y recursos, en 2002, la Audiencia de Lleida dicta sentencia afirmando que la montaña es propiedad de todos los herederos de los trece fundadores. Palanca y los herederos de Sansa presentan recurso que es rechazado por última vez en el año 2005 por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que ratifica la sentencia de 2002.
El periodista Carles Porta se metió de lleno en esta aventura de la que, como él mismo declara, ya nunca saldrá del todo, cuando en Tor se descubrió el asesinato de Josep Montané Baró, “Sansa”, y TV3, el canal de televisión para el que trabajaba, le envió a cubrir el reportaje para elaborar un programa de esa cadena llamado “30 minuts” –en referencia a su duración-. Tan magnífico trabajo de investigación hizo el equipo y tan estupendo reportaje dieron a luz que les concedieron el premio Pirineus de periodismo por el reportaje.
Tiempo después de su emisión, en 2003, Porta recibió una subvención de los premios literarios Vallverdú de Lleida para escribir un libro sobre el tema, que dio lugar al nacimiento de “Tor, La Montaña Maldita”. Un libro apasionante y lleno de misterios que nos presenta de cara las miserias humanas con ciertas dosis de humor y mucha sencillez.
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